RESEÑA

 

De la novela colombiana al cine

 

 

Reseña por: Fernando Arenas Vélez

 

 

A partir de un corpus seleccionado de novelas colombianas adaptadas al cine, este trabajo examina la relación entre literatura y cine en la construcción de la identidad cultural colombiana, en un ejercicio de análisis narratológico comparado entre los dos medios de expresión y comunicación.

De la novela colombiana al cine es producto de la investigación realizada por las autoras en el marco de un proyecto titulado: ''La narrativa literaria y audiovisual en la construcción de la identidad cultural colombiana. Una mirada desde el cine y la literatura: adaptaciones de obras literarias llevadas al cine entre 1920 y 2008-1'', financiada por la Universidad de Medellín. Tal como se puede deducir de tan extenso título, la investigación es un prolijo trabajo académico, y el libro resultante participa de tal estilo. Sin embargo, aunque podemos asumir que el público natural del trabajo serán los estudiantes e investigadores universitarios, la naturaleza dual teórico-práctica del libro lo recomienda también a un público general interesado en esta temática. A ello se suma la relativa accesibilidad de la mayoría de los trabajos seleccionados para su estudio y su importancia reconocida en la historia del cine y la literatura colombianos.

El cuerpo principal de la obra se divide en dos partes: un primer capítulo, (páginas 18-86) que resume variados planteamientos teóricos en torno a la relación dialéctica entre cine y literatura, y uno segundo capítulo (páginas 96-257) que presenta los resultados del análisis narratológico de once obras literarias colombianas y sus correspondientes versiones cinematográficas, con sus respectivas referencias bibliográficas. Adicionalmente, el libro incluye una interesante reflexión general sobre la relación entre literatura y cine a modo de introducción, y un capítulo final (páginas 243 a 259) que presenta las conclusiones generales de la investigación.

El capítulo 1, ''Dialéctica cine-literatura'', parte de la complejidad inherente a la relación entre literatura y cine. Nos recuerda cómo el cine desde sus comienzos utilizó la literatura como fuente de ideas e historias, así como para darle validación cultural y social a sus productos al basarlos en la adaptación de obras literarias reconocidas. Pero, a la vez, se reconoce que la literatura ha terminado por encontrar también inspiración y recursos narrativos novedosos en el lenguaje cinematográfico. Las comparaciones inevitables entre uno y otro lenguaje y las discusiones que ellas suscitan son la fuente de esa complejidad postulada por las autoras, quienes citan a expertos y estudiosos desde Sergei Eisenstein en los años 20 hasta Carmen Peña Ardid, José Luis Sánchez Noriega o Néstor García Canclini, para diseccionar las variadas relaciones entre la obra literaria y su correspondiente versión fílmica.

El primero reconoció sin ambages la deuda del cine con la literatura y con la herencia cultural previa, esa ''genealogía culterana'' en expresión de Román Gubern (17). Aquí entra la importancia de este tipo de estudios para la comprensión de la identidad cultural de una nación, pues tanto cine como literatura expresan los valores sociales dominantes en una sociedad y los conflictos intrínsecos que ellos implican. De la mano de los otros autores mencionados, principalmente García Canclini, las autoras muestran como es más apropiado hablar de identidades culturales en plural (19) y de qué modo la novela y el cine participan de la construcción de dichas identidades. Las representaciones sociales, a la vez parámetros para interpretar la realidad y modelos para imitar el comportamiento social, determinan la identidad cultural de un grupo social particular en tanto permiten interiorizar formas simbólicas y estructuras mentales y objetivar prácticas sociales, costumbres y ritos (Bourdieu). Tanto el cine como la literatura participan de dichos procesos al ser cada uno una forma de representación social.

Tras estudiar el punto resumido aquí brevemente, las autoras en este primer capítulo desarrollan una síntesis de la historia de las adaptaciones literarias en el cine colombiano, desde los esfuerzos iniciales de Máximo Calvo, Antonio J. Posada y Alfredo del Diestro, en María (1922), basados en la novela homónima de Jorge Isaacs, hasta las recientes producciones basadas en la producción ficcional de Mario Mendoza, Jorge Franco Vélez o Santiago Gamboa, por citar solo tres autores contemporáneos, pasando por el caso ineludible y notable del premio Nobel Gabriel García Márquez.

Las autoras definen su corpus de trabajo, a partir de la decisión de abordar adaptaciones solo de novelas, dada la capacidad de estas de construir mundos completos, a diferencia del cuento, sin demeritar el valor estético de este género. Siguiendo a Álvaro Pineda Botero, eligen la novela por ser esta un género pleno de plasticidad, cambiante y situado a la vanguardia de la representación de los tiempos, los idiomas y la cultura en sus transformaciones. El estudio de las novelas y películas seleccionadas se enmarca así en los estudios literarios cuyo exponente principal fue Mijaíl Bajtín, y se cita así el concepto de cronotopo, de este escritor, como punto de partida de las reflexiones sobre la novela en este estudio, en relación con el tiempo y el espacio en su representación literaria.

Las autoras citan a una multiplicidad de autores colombianos y extranjeros en su examen de las obras seleccionadas, las cuales en muchos casos han sido objeto de variados estudios desde la crítica literaria. Este capítulo ofrece así un útil compendio de la literatura académica más relevante acerca de los autores seleccionados. Igualmente, examinan la crítica cinematográfica de las versiones correspondientes a las novelas selectas. En este doble examen en literatura y cine desentrañan las complejidades, encuentros y desencuentros de ambas perspectivas y sus mutuas relaciones, entre los dos polos que Sánchez Noriega define como fidelidad/creatividad en la adaptación cinematográfica de la literatura (54).

Partiendo de las categorías de análisis comunes entre el cine y la literatura, pese a las diferencias entre ambos medios, las autoras examinan en el resto del primer capítulo las cuestiones teóricas y metodológicas atinentes al estudio del tiempo, el espacio, la voz narradora, el punto de vista y demás elementos del relato, tanto literario como cinematográfico.

En la segunda parte del libro se lleva a la práctica el análisis esbozado en la primera parte, a través del estudio comparativo de once obras literarias representativas del desarrollo histórico y cultural del país entre 1920 y 2008, así: El coronel no tiene quien le escriba, Caín, Cóndores no entierran todos los días, La mansión de Araucaima, Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera, La virgen de los sicarios, Perder es cuestión de método, Rosario Tijeras, Satanás, y Paraíso Travel.

El texto de Laverde, Parra y Uribe revela las continuidades entre las fórmulas clásicas de la literatura y el cine colombiano, como la dominancia de la narración ulterior, y la relativa escasez de los relatos simultáneos, solo representados por Satanás, de Mario Mendoza. Sin embargo, al estudiar el estilo de este autor, sus obras revelan la presencia de una vocación cinematográfica ya desde la escritura misma, y apuntan a la creciente importancia de las historias urbanas y contemporáneas en el cine nacional. Este cambio de lo rural a lo urbano, comenzado en la década de los 30 del siglo pasado, cobra cada vez mayor vigencia.

Las autoras verifican la utilización de recursos propios del estilo clásico tanto en la novela como en el cine del país, algo que no sorprende, pese a que también anotan excepciones notables a esta tendencia. Otra constante es la predominancia de protagonistas masculinos. El texto da cuenta de estas y otras peculiaridades del cine colombiano en relación con la literatura del país, y al hacerlo presenta un modelo útil y fructífero de análisis, que se destaca por su claridad y sistematicidad. De la novela colombiana al cine es un aporte al estudio comparado de estas dos artes y le servirá a quien quiera interesarse por la forma en que ellas han expresado los conflictos y rasgos de la sociedad colombiana en el siglo XX y lo que va del XXI.